De qué va esto

cuentos de pájaros... o no


jueves, 17 de agosto de 2017

Perdiz nival

-¿Has visto esos tres? -preguntó el más sabio. Los montañeros ascendían ahora por una de las laderas que culminan al fin en la cima del Perdiguero. El primero, barbudo por circunstancia, iba marcando el ritmo, atento a un insinuado sendero la más de las veces perdido. La segunda, acaso más atlética, se permitía incluso cierto trote alegre, desafiando la pendiente. Y el tercero, como siempre, mirándose las puntas de su Salomon o en el mejor de los casos el culo delantero. -Vamos a darles un susto –apuntó la más pequeña. Rápidamente se colocó atravesando el camino sin que los caminantes se apercibieran de ello. Cuando llegaron a su altura hizo un completo despliegue vocal, sobresaltando al cabeza de fila. -Mirad, una perdiz nival. El perdigón, sorprendido más que asustado, se dio la vuelta y se dirigió a ellos. -¿Cómo me habéis conocido? Los tres atletas no daban crédito. Tras vencer la incredulidad inicial, al fin entablaron una charla con el lagópodo y su grupo, hablando de trivialidades propias de una conversación de ascensor. Parloteaban y andaban al mismo tiempo hasta que casi sin darse cuenta llegaron a la cumbre, apátrido lugar, mitad gabacho mitad torero. Vaya putada de nombre, eh François.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Pardela balear

-¿Vives en Chueca?
-¿Por?
-No sé, tu nombre.
-Pues si es por eso eres un poco torpe.

El pájaro bobo levantó la cabeza y la pardela remontó el vuelo rumbo a Ibiza.


martes, 15 de agosto de 2017

Cordobeider

A la hora señalada y en el lugar convenido, villanos y héroes acuden a su cita anual para pelear por el mayor galardón que un súper local puede conseguir: el Cordobeider del año. En la estéril explanada del inútil aeropuerto lucharán Magnetomecánicas, Zumbacón Man, Hell Brillante, Nick Feria, Flash Albino y Sector Hulk, todo un lujo para la ciudad de Rafaleitor, el ojo que todo lo ve.

sábado, 3 de junio de 2017

La luz de la luciérnaga

Pocas veces tiene uno la oportunidad de conocer al autor de uno de esos libros con los que aprendes y disfrutas. Yo lo he intentado y triunfado con David Álvarez. Gracias, amigo.

En esta nueva entrega, ahora felizmente dedicada, uno ha crecido en su formación. Se trata de uno de esos manuales de conservación muy útiles, entre otras cosas, por poder ser utilizados como recurso didáctico. Y es que David aborda temas muy diversos: insectos, anfibios, peces, aves y curiosidades, muchas, que hacen de la lectura un encuentro muy ameno con el mundo de las letras.

La guinda, una nueva entrega del curso de ética periodística, pone en evidencia el frecuente tratamiento que hacen muchos medios de comunicación sobre problemas de conservación muy importantes, como es el caso del oso, del lobo o los incendios forestales. Y como muestra, un botón: "las heces de pájaros amenazan los ríos", un titular aparecido en el periódico de mayor tirada en Asturias, la Nueva España. Ahí lo llevas.


sábado, 18 de marzo de 2017

Apuntes de conservación biológica

Ahora le toca el turno a Joan Mayol, que ha publicado también en la prolífica y admirable editorial Tundra sus Apuntes de conservación biológica, un libro interesante en el que plasma su particular visión del asunto, y con el que he aprendido mucho sobre la insularidad y sus efectos en la dinámica de los ecosistemas. Currucas, pardelas, sapillos, halcones de Eleonora, águilas pescadoras, buitres negros y cormoranes moñudos, adaptados a la vida en las islas. Y cómo las ratas, cabras asilvestradas, culebras, tortugas americanas, perros y gatos, tienen efectos perniciosos en un medio tan frágil y vulnerable. Por no hablar de la presión turística, la urbanización y fragmentación del territorio.

En definitiva, un pequeño tratado de conservación, muy centrado en los efectos de la insularidad en la conservación de las especies, con datos y anécdotas muy curiosas, como los estofados de pardelas, que tienen un sabor especialmente fuerte y por ello hay que hervirlas varias veces, el sabroso arroz que se guisaba con los pollos de halcón de Eleonora o la repugnante carne del cormorán moñudo.



sábado, 11 de marzo de 2017

Los vencejos sueñan despiertos

Dice David Alvarez, al hilo del título que ha elegido para este excelente manual, que "si no tuvieran que reproducirse no se posarían jamás, volarían sin descanso hasta el día de su muerte". Edgar Allan al estilo puro. Me encanta.

Ya me hubiera gustado haber contado con él cuando por aquel año.... estudié la asignatura de Etología en cuarto de carrera. Desde entonces se ha avanzado mucho, lógicamente, pero en ese tiempo se echaba en falta una herramienta divulgativa como ésta. Etología, ecología, conservación y crítica, una mezcla de ingredientes perfecta para hacer de esta publicación un texto atractivo, muy útil y de fácil comprensión.

Muy recomendable. Tanto que ya tengo en mi mesita de noche su continuación, la Luz de la Luciérnaga.



martes, 28 de febrero de 2017

Yo, Helíaca

Últimamente tengo una productividad lectora que hacía tiempo no desarrollaba. Una forma como otra cualquiera de combatir la ansiedad cotidiana, tal vez. El último libro que ha caído ha sido el de Iñigo Javaloyes, un facebookfriend, al que le tenía ganas; no al bueno de Iñigo, claro, sino a su obra. 

Yo, Helíaca se puede leer de un tirón, y eso lo agradezco. Te puedes acoplar cómodamente una dominical mañana a la luz de la ventana y no despegarte del asiento hasta tener las tareas acabadas. El relato enseña una buena lección de biología, de la vida en el monte mediterráneo, de la difícil supervivencia de las aves, aparentemente felices a los ojos del observador. El autor consigue que empaticemos con Helíaca, pero también con numerosos personajes alados que en algún momento se relacionan con nuestra protagonista.

El relato se embellece con versos y palabras ingeniosas que denotan un buen conocimiento de la vida de las aves, poniendo voz y pensamiento a urracas, ogralíbares (rabilargos), serines, zorzales y tejones. Pero me quedo con uno, Luctuoso Oliván, un buitre leonado cantor que imita al chochín, acentor, mirlo, zorzal, y otros más, colirrojotizoneando cuando los demás lo dejan. ¡Qué arte!



sábado, 25 de febrero de 2017

Estorninos

Escribo esto casi a tiempo real, ni siquiera se muy bien por qué. Acabo de bajar de la azotea imbuido un día más en cotidianas labores de ornato y decencia. Allí, tendiendo el atuendo castigado de la semana, llama mi atención un sonido del cielo. Rara actitud para mi sórdida audición. Pero hoy no ha sido así, mi cadena de hueceillos ha tenido a bien dejarme escuchar el rumor de un grupo infinito de estorninos negros en su camino al cercano dormidero del Guadalquivir. Me ha vuelto a conmocionar, lo reconozco. No acabo de acostumbrarme a los dibujos pintados con maestría por un acorde soberbio. Y no quiero.

[Imagen tomada de internet. Gracias al desconocido autor]

lunes, 30 de enero de 2017

Sisón, ave del año, por fin

Aquella noche dormi mal. No puedo decir que fuera en blanco, mentiría, pero sí harto incómoda. Ciertos tintes obsesivos se adueñaron muy pronto de mi mente ante la posibilidad de no oír el odiado despertador. Había quedado muy temprano, a esa hora en la que los murciélagos campan a sus anchas por la ciudad y los mirlos permanecen hiperactivos aprovechando la luz de las farolas. Por delante me esperaba un día lleno de sorpresas, o al menos esas eran mis expectativas. Me enfrentaba nada menos que a mi primer censo de avutarda.

No recuerdo su número ni siquiera el lugar donde lo apunté, da igual, pero jamás olvidaré que ese día vi el bando más grande de sisones de toda mi vida pajarera. Pasaba la centena, eso sí lo sé, un grupo enorme que pastaba entre las incipientes siembras de lo que antaño fue la laguna más importante de la comarca.

Desde aquel día, y de eso ya hace bastantes años, he pasado por aquel paraje y otros cercanos en los que los sisones siempre han alegrado el paisaje visual y sonoro. Jamás he vuelto a ver un número de ejemplares tan numeroso. A lo sumo algunos individuos dispersos, afortunadamente desconfiados.

El sisón ha desaparecido ya de mi mapa del mundo en el que me nutrí y aprendí de lo natural. En contados enclaves quedan ya, tal vez contando los días para que un milagro del altísimo evite lo inevitable.

[El último bando de sisones, visto hace una semana]

domingo, 29 de enero de 2017

El Solitario del Desierto


Reconozco que me costó iniciarme: una profusa descripción del desierto que no sabía dónde me iba a conducir. Pero más pronto que tarde captó mi atención. A partir de ahí caí sumergido en una deliciosa radiografía de un mundo aparentemente vacuo, inerte, sudoroso, incompatible con la vida. Edward Abbey, con un estilo literario muy sugerente, tiene la capacidad de atraparte, y te consume hasta un irremediable final al que no deseas llegar. Acabas amando al desierto y a todas sus gentes, el insignificante artrópodo, la sórdida planta que vive en lo imposible y la turmalina caída desde la colina de Salt Creek. Deseas verlo, estar allí, bañarte en el Gran Cañón, escalar al Tukuhnikivats, cabalgar por Sleepy Hollow o fundirte con el paisaje en el mirador del Laberinto.

Literatura elegante que te transporta a los viajes de los naturalistas de dos siglos atrás, llenos de belleza, audacia y acaso ingenuidad, con una carga de aventura que se remata con una aguda y acertada crítica a la modernidad de la época. Muchos de los lienzos dibujados con la elegancia de las letras hoy ya no existen, sepultados por grandes presas, diseccionados por autovías o sustituidos por irreversible cemento.

La crítica mordaz, la ironía y el afilado humor de Abbey hacen del “Solitario del Desierto” un atractivo tratado del inmenso secarral americano, con proféticos pensamientos que cincuenta años después han acabado por cumplirse. Ya podía haberse equivocado.