De qué va esto

cuentos de pájaros... o no


domingo, 20 de febrero de 2011

Ategua, 4.500 años de historia

Parecía que no iba a ser capaz pero al final lo conseguí(mos) , aunque no exento de las correspondientes fatiguitas musculares y óseas. La ruta de Córdoba a Ategua, asentamiento localizado entre Santa Cruz y Castro del Río, supuso unos 25 kilómetros atravesando paisaje de campiña pura y dura. Como dura es la enorme erosión que se observaba a lo largo de todo el camino, enormes cárcavas especialmente conspicuas en los tímidos cauces y regueros.


Todo muy bien organizado, y desde aquí mis felicitaciones a los organizadores, la Asociación Cultural Amigos de Ategua. Lo único criticable es la omnipresencia de varios parapentes con motor, o como se llamen, que nos destrozaron los oídos durante no pocos kilómetros. Al principio nos hacía gracia ver el habilidoso manejo de los pilotos que pasaban a ras del grupo, pero eso está bien para un ratito. Consiguieron reventarnos gran parte del recorrido, pero sobre todo el momento desayuno.

Pero bueno, salvando esto, como digo, todo muy bien, con final espectacular al poder pisar en un monte anteriormente pateado por miles de personas durante nada menos que 4.500 años. Si se es capaz de tomar conciencia de esto, impresiona. Nos ilustraron mucho en la visita interpretada por monitores de lujo, y se aprendió, bueno, confirmó, en una nueva ocasión de cómo la inoperancia de las administraciones permite que se mancille un yacimiento –para algunos arqueólogos, el más importante de Andalucía-, y se deje escapar la oportunidad de conocer mejor nuestra historia. En definitiva, de conocernos a nosotros mismos.


En cualquier país europeo, a tres piedras colocadas por antepasados nuestros le sacan partido, como debe ser. Se investiga convenientemente y a partir de ahí se recupera, conserva y se pone a disposición de la gente. Aquí, ya sabemos, si nos une algo con el de enfrente es porque es del mismo equipo de fútbol. Así nos va.

sábado, 12 de febrero de 2011

El nuevo cafelito

Pepe González, compañero de fatigas, además de amigo, dedica unas palabras en su blog, El Nuevo Cafelito, a este servidor y también a mi buen amigo Juan Aragonés, rememorando tiempos inmemoriales, de cuando unos cuantos pollos volantones, o mejor, inmaduros, decidieron dar forma a GODESA, una asociación que se centró desde el año 85 en el estudio y defensa de las aves.
Ya ha llovido desde entonces, GODESA dejó de existir para unirse al proyecto que hoy se llama Ecologistas en Acción. No queda ya nada de entonces, salvo su espíritu, que sigue vivo en algunos de los que vivimos intensamente durante más de diez años de nuestras vidas.

viernes, 11 de febrero de 2011

Il Pegolete en el Diario CORDOBA

Ni me había coscado. De casualidad descubro que el Diario CORDOBA del día 20 de noviembre del año pasado publicó un extenso reportaje sobre este blog. La friolera de 24 palabras dedicó el periódico local decano de la prensa califal a este humilde rincón cibernético. Lo transcribo literalmente:
 "En Il Pegolete, Antonio Leiva aborda temas de actualidad, sobre todo de medio ambiente de Córdoba y provincia, con su particular estilo gráfico" 
Agradecido quedo, pues. Recibo así el aliento público que me motiva a mejorar día a día mi espontánea manera de desahogar unas, tal vez frustradas, ganas de convertirme en un narrador de historias. Bueno, me he quedado en narrador de pegos, que no es poco, y a mi me vale.
Ea

jueves, 10 de febrero de 2011

Un río muy flamenco

Nos duele la boca de decirlo y los dedos de escribirlo, pero es que en Córdoba tenemos un río muy flamenco. Y no es porque discurra junto a la mezquita, la judería o la Calahorra. Tampoco porque tenga el honor de ser pisoteado por un puente de origen romano, o porque esté acompañado por frondosos árboles y otras plantas propias de las riberas mediterráneas.

En absoluto es que el río sea flamenco porque pasa por Córdoba, la cuna del idem, no, porque también lo es Sevilla, Jerez, Granada o Huelva.

En Córdoba, el Guadalquivir es flamenco porque lo sobrevuelan los flamencos. Esporádicamente, sí, pero lo sobrevuelan. Anoche mismo vi un bando de estos estilizados animales. El sonido los delató; su particular forma de llamarse los unos a otros me trasladó en un instante a Fuente de Piedra, justo donde había estado hacía exactamente una semana, viendo y oyendo los flamencos.

Eran las ocho y media de la noche, y allí pasaron por encima de mi cabeza 20 flamencos, 20, dirigiéndose aguas arriba, en dirección dios-sabe-donde. Así que desde ayer nadie podrá discutirme que nuestro río es aún más flamenco.

He dicho.

[Foto de Juan Aragonés_http://lazumaya.blogspot.com]