De qué va esto

cuentos de pájaros... o no


domingo, 25 de septiembre de 2011

Buscar la Pantoja, digo, buscarla pintoja

No voy a caer en el chiste fácil, ese que dice que después de tanto buscarla la encontramos porque, además, es mentira. Aquella tarde se estaba presentando un tanto sosa; salvo algún carricero un tanto despistado, por lo demás, parecía que ningún pájaro quería acercarse a ese rincón del Guadalquivir donde colocamos las redes. En parte hay que entenderlos, el hedor fluvial de una pestilente surgencia nada favorece la estancia de la vida en aquel rincón húmedo, cuasi selvático, pero muy desdibujado por residuos harto repugnantes que ni me atrevo a nombrar.

Era la última revisión de un miércoles más de anillamiento, y a pesar de la terrorífica presencia de millones de murciélagos, me atreví a acompañar a Federico y Pedro. Al menos que sirviera de porteador de palos y de redes. Un par de carriceros, un ruiseñor bastardo y… un bicho raro. La primera impresión no es la que cuenta, desde luego, al menos en este caso, de lo contrario hubiera acudido al primer foro científico que pillara para nombrar una nueva especie, que sería por supuesto Loquefuera cabellodealbaetus, requenae, rodriguencis o leivaetus.

Pero el canalla del hombre de pelo rojo destrozó de inmediato la ilusión de cualquier naturalista. Como experimentado manipulador de plumíferos rápidamente nos desveló lo que no queríamos oír: se trataba de un pájaro descrito y conocido, una Locustella o, menos pedantemente, una buscarla.

Sí, ¿pero cuál?. Guía de pájaros en ristre, consulta on line de internet, frontal sujetando la masa encefálica, y de paso alumbrar, un farolón por testigo, tres experimentados anilladores, más un grupúsculo de exgodesianos, que la casualidad (o no) los había llevado exactamente allí, fueron los ingredientes para concluir que, sin la menor duda, se trataba de una BUSCARLA PINTOJA. Como decía un anuncio televisivo de mi infancia: “Mi primera buscarla, chispas”.

Sé positivamente que más de un lector, y digo bien, lector, va a rrrrrreventar cuando lea esto. Solo puedo decir que se deje las uñas largas y se arañe la cara, por ejemplo, o que utilice cualquier otro consuelo menor, que hay muchos.

¿Testimonios gráficos?. Por supuesto que hay. Los míos tienen tanta calidad que ni el móvil quiere descargarlos, así que tendremos que esperar a que Federico los cuelgue o los mande. Por ahora, no quiero hacer más daño.

Je, je.

domingo, 18 de septiembre de 2011

El gallo azul

El gallo azul, como le llaman en algunos puntos de la geografía andaluza, parece haberse recuperado. En efecto, tras una situación bastante precaria que relegó la última población ibérica al sur de España, en torno al Parque Nacional de Doñana, la recuperación lenta y constante ha tenido lugar. De hecho hoy día es fácil observar al calamón en muchos puntos de la provincia.

Desde los puentes de la propia ciudad de Córdoba aún es posible ver algunos individuos afanándose en arrancar con su potente pico la vegetación palustre, para seguidamente agarrarla con la pata y devorarla, recordándonos más al comportamiento de un mamífero que de un ave. También son capaces de capturar pequeños invertebrados: escarabajos acuáticos, caracoles, saltamontes, lombrices e incluso sanguijuelas.

Su hábitat típico son las zonas húmedas que presenten una cierta cobertura de carrizos, eneas o lirios de agua, donde ubica su nido que debe pasar desapercibido ante los depredadores.


 Se ha comprobado que pueden llegar a ingerir huevos y pollos de otras aves vecinas, así como culebras de agua, ranas y pequeños peces. Cuando dan caza a un infeliz pato de pocos días de edad, se sabe que lo matan con un fuerte picotazo en la cabeza, abriéndole el débil cráneo para así poder alimentarse con su pequeño cerebro, sobre el que sienten una especial predilección.

La facilidad con la que se mueven por entre la vegetación acuática se debe a la estructura de sus patas, que finalizan en alargados dedos, los cuales les permiten caminar incluso por encima de plantas flotantes.

Los calamones, aunque tengan premio y sean cada vez menos raros, son aves poco confundibles y muy bellas, aunque tengan un pelín de mala leche con su vecindario.


PD. Algunos sitios en los que no es difícil observarlos: Malpasillo, presa de El Salto (cerca de Pedro Abad), embalse de Guadiato, río Guadalquivir.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Elanio azul

En un recorrido por Los Pedroches, el Guadiato o el Valle del Guadalquivir es fácil observar un punto suspendido en cielo; un batido de alas muy rápido que posibilita al animal en cuestión cernirse en el aire tomando posición en una privilegiada atalaya imaginaria desde la que podrá descubrir con mayor facilidad a sus presas. Con un poco de suerte y siempre con la ayuda de unos prismáticos tal vez descubramos un curioso animal; un pájaro del color del cielo, con las puntas de las alas negras, algo mayor que los familiares cernícalos. Es el elanio azul o común, una rapaz cada vez más habitual por nuestras latitudes.


 Aunque es un habitante propio del continente africano, los elanios poco a poco van colonizando nuestro país, tomando posesión de dehesas y espacios agrícolas, preferentemente con arbolado en el que encaramarse a una rama y otear, y por su puesto ubicar su nido.

Es una de esas rapaces típicamente aliadas del agricultor, con una dieta a base de ratones, topillos, musarañas y algunos pájaros. Para cazar suelen utilizar postes de luz o teléfonos, siempre en contacto con los espacios abiertos, cultivados o no. Ahí no es difícil observarlos de cerca donde descubrirás un llamativo ojo de color rojo que probablemente no olvides jamás.

Disfrútalo.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Buitrones en familia

La mañana prometía. No en vano las señoras de la estepa no fallan nunca, al menos hasta el momento. En esta ocasión contábamos con una feliz visita, la de Antonia, que finalmente se había animado a acompañarnos. Procedente de Graná, con escala en Hispalis, nuestra amiga iba por fin a disfrutar con la observación de las avutardas del septentrión cordobés.

La generosa red de caminos, junto con la de los amos del terruño, permite acceder a casi todos los rincones de estos paisajes, donde la ruralidad queda perfectamente definida. La primera parada fue en vano, la segunda estéril, la tercera baldía, la cuarta vacía, la quinta… Se vaticinaba un imprevisto fracaso en aplicación directa de la maldita Ley de Murphy. Aquella mañana las señoras no quisieron asomarse a nuestras lentes, tal vez porque había mucha briega de máquinas o simplemente habían preferido visitar algún otro de sus escondrijos favoritos. Qui sait?.

Cada parada era una frustración pero también un nuevo ornitohallazgo: ortegas, trigueros, mosquiteros musicales, tarabillas, collalbas grises, lavanderas boyeras y cascadeñas, calandrias, tórtolas comunes… Tal vez lo más relevante fue la aparición de bisbitas campestres y tarabillas norteñas. Para un aficionado a las aves, no pajarear en septiembre merece pena de cárcel.

Es bien conocido el hartazgo de los trigueros, aunque ahora al menos están con el pico cerrado, pero quizá no lo sea tanto el de los buitrones. Pequeños grupos, imagino que de familias completas, posaron en todos los puntos de observación. Su minúzculo tamaño y comportamiento un tanto esquivo fuera de la época de cría hacen de esta ave una perfecta desconocida. Hay que buscarla en los escuálidos arroyos que medio sobreviven en las campiñas cerealistas donde, con el beneplácito humano, se rodean de vegetación palustre. Un perfecto oasis para la fauna y un lugar de visita obligada para el observador.


Esa imagen de grupos familiares de buitrones permanecen en nuestras retinas, como también la de la mamá avutarda con su cría, que finalmente vimos cuasi a la desesperada, tan sólo unos momentos antes de la hora maldita, aquella en la que las señoras de la estepa desaparecen definitivamente para nuestros ojos hasta que el Lorenzo permite de nuevo la vida.



PD. Te recomiendo hacer el Itinerario Ornitológico La Piruetanosa, cerca del núcleo urbano de La Granjuela, tal vez el único sendero de la provincia centrado en la observación de aves (junto con el cercano de Los Blázquez)