De qué va esto

cuentos de pájaros... o no


martes, 25 de octubre de 2011

Las avefrías, un valor (añadido) del paisaje

Llegan por fin las primeras lluvias y con ellas los primeros conatos de rasca. Ya era hora. Estamos ya prácticamente en noviembre y todavía andurreamos por el campo en manga corta. No… si al final va a ser verdad lo del cambio climático.

El agua cambia el paisaje, sin lugar a duda lo embellece, le imprime, si cabe, más vida. Sonido, color, olor en nuestros montes y campiñas. Un agua, que si tiene la generosidad de caer bien, apenas causará daño alguno en el terreno. La irreparable pérdida de suelos es uno de los principales problemas ambientales al que nos enfrentamos. Por el momento, la batalla la estamos perdiendo.

La lluvia y el frío marcan su territorio en el almanaque. Los campos se mueren de ganas por verdear, esperando ansiosos las primeras gotas, que se hacen de rogar. Hasta que irrumpen por fin los pastos, el manjar del ganado y el sueño del ganadero. Allí estarán atentas las ovejas que, sabiamente (es un decir) aprovechan la otoñada de los majadales junto a las retamas, chivatas inequívocas del trazado de los caminos de carne.

[foto: Juan Aragonés]

Y con las merinas, toda una cohorte de visitantes alados que, como todos los años, abandonan sus lugares de cría para pasar la estación fría y lluviosa con nosotros. Decenas de miles de kilómetros atravesando países y continentes para dignarse a pasar la navidad por aquí. La avefría es uno de ellos. Está entre mis pájaros favoritos, me fascina observarla en los baldíos del norte de la provincia, su llamativo contraste blanco y negro, y su vuelo siempre elegante. Me intriga el comportamiento terráqueo de este pájaro originalmente acuático.

Nunca antes la cultura popular ha tenido tanto acierto en colocarle un nombre a un bicho.

domingo, 2 de octubre de 2011

Carricerín cejudo en el Guadiato

Como cada lunes, aquella mañana había acudido a mi amigo Fernando con el solo objetivo de restregarle mis observaciones findesemaneras. Hasta ese momento jamás había logrado sorprenderlo, captar su atención de una forma especial. Sin embargo, aquella vez resultó diferente:
- ¿qué has visto qué?
Un repentino cambio en su entusiasta voz lo delató. Estaba, pues, ante uno de esos momentos largamente esperados donde la refriega se había decantado, por fin, a mi favor. Ya sólo quedaba inflar el perro:
- pues sí señor, y no vi uno, sino CUATRO, tan cerca que le hice una foto con el móvil.

La verdad es que hasta ese momento no fui consciente de la relevancia de la observación. Personalmente fue una satisfacción enorme anotar en mis retinas y en el cuaderno de campo una nueva especie, una de esas que vienen en la guía pero que nunca ves. Tampoco es que hayamos hecho el descubrimiento del siglo, pero puestos a indagar un poco en el tema, nos dimos cuenta de que el carricerín cejudo está realmente “mu malito”.



Los trabajos publicados indican que en los últimos años su población ha disminuido nada menos que un 40%. Comprobamos que tiene su Plan de Acción específico elaborado a nivel europeo y que en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN aparece con el mismo nivel de amenaza que el águila imperial. Ha habido varios proyectos Life centrados en este pajarillo e incluso en 2005 se celebró un congreso internacional sobre la especie.

Hallazgo, pues, con cierta importancia realizado en una charcúzcula de las afueras de Peñarroya, en un polígono industrial, ligada a un arsenal de escorias carboníferas en las que, por cierto, quieren plantar una incineradora de residuos. Ésta, junto a otras charcas artificiales cercanas que han sido fruto de la antaño próspera actividad minera, conforman un refugio de toda una caterva ornítica de gran interés. Unas perfectas desconocidas, jamás censadas ni visitadas por la oficialidad y apenas miradas por los ojos del ornitólogo.