De qué va esto

cuentos de pájaros... o no


viernes, 8 de agosto de 2014

Un vencejo muy cafre

Eres un cafre tío ¿es que no te das cuenta? No paras de hacer locuras, siempre volando tan rápido. Un día te vas a estrellar y yo estaré aquí para reírme, imbécil. Recuerdo aquel día que te fuiste con tus negrísimos colegas, queríais tocar las estrellas ¿te acuerdas? Os fuisteis diez amiguetes en una carrera hacia la verticalidad. Os pilló la noche, y las estrellas os seguían quedando igual de lejos.

Bajaste muy cabreado, algo te dijeron tus amigos que nunca has querido contarme. Tan sólo les oí decir algo de tu culo. Mejor no quiero saberlo, puedo pensar cualquier cosa, conociéndolos como les conozco. Llevas varios meses sin hablar con nadie, con una vida descontrolada, siempre haciendo piruetas y sin rumbo fijo. Estás perdido. Pósate aquí conmigo y te relajas. Soy tu mejor amigo. No te pido que me cuentes tus problemas, aunque eso te haría bien.

¡Espera! ¿ya te vas? ¡regresa, te has manchado el culo de blanco!


[Dibujo tomado de la web de SEO/BirLife]

miércoles, 6 de agosto de 2014

Uno de charranes

Mira, allí están otra vez. Nos buscan. Agáchate que no te vean. A veces me dan miedo, lo reconozco, no sé qué quieren de nosotros. Llegan en sus coches, se sientan en el chiringuito, se saludan, hablan y toman plácidamente acomodo en el bar para tomarse un refrigerio. De sus mochilas sacan libros y varios artefactos que utilizan para destrozar nuestra intimidad. Me mosquea especialmente ese que se apoya en varias patas y que parece un rifle. No sé si lo es realmente, nunca nos han disparado, pero me apuntan, y lo noto.

Percibo su indiscreta mirada, a veces me quedo mirándolos fijamente a ver si ellos tienen la misma sensación, pero no estoy mucho tiempo. No quiero arriesgarme, quién sabe, en cualquier momento pueden darme un susto definitivo. Así son los humanos. El otro día me contó mi primo, el patinegro, que mataron a su colega cuando venían por la costa; se pararon a descansar en una laguna y un salvaje le pegó un tiro junto a otras tantas tórtolas. Comprenderás que no se ha recuperado de la conmoción, por eso no se quiere mover de aquellas salinas, dice que allí se siente seguro.

Llega más gente ¡cuidado!. Ahora hay cuatro. Ayer vinieron solo dos, ya los conozco porque vienen mucho a vernos. He de reconocer que les estoy cogiendo cariño; hace un par de días me atreví a acercarme. Con decisión levanté el vuelo y me dirigí hacia la otra orilla a ras de agua; estaba la marea subiendo. Al llegar junto a sus figuras hice un quiebro con la habilidad suficiente como para quedarme con sus caras. Se emocionaron, lo noté. ¡Un rosado, un rosado! exclamaban con felicidad.

Miré a mi alrededor y no había nada rosa. Es muy rara esta gente.



[Desembocadura del río San Pedro, Parque Natural Bahía
de Cádiz, un buen enclave para la observación de charranes]



Charrán rosado: 277

jueves, 31 de julio de 2014

Oda al Treparriscos

Espectacular, fastuoso, sensacional, grandioso, espléndido, alucinante, emocionante, fantástico, deslumbrante, imponente, impresionante, conmovedor, apasionante, escalofriante, palpitante, sobrecogedor, turbador, hermoso, bello, sorprendente, admirable, asombroso, extraordinario, increíble, milagroso, portentoso, maravilloso, singular, insólito… treparriscos.

[Tomada de la web de SEO/BirdLife]

Por fin cayó. Desde hoy, retiro mis descalificativos anteriores: innombrable, intreparriscos… todo ello fruto de un cuadro depresivo sólo entendible por afines criaturas con la cabeza llena de pájaros, y sin sicólogo alguno capacitado para tratarlo. O lo ves o continúas hundido en el fango ¿vos me entendés?

miércoles, 18 de junio de 2014

El origen del alzacola

Cuenta la leyenda que el Dios Ornis era muy dado a hacer bromas; el día que se levantaba con ganas de cachondeo, la liaba. Y la lió, claro que sí, a costa de que muchas criaturitas tuvieran que cargar de por vida con el sambenito nominal: albatros ojeroso, rabijunco etéreo, piquero enmascarado, rabihorcado magnífico, reinita charquera… Pero hay más en este sorprendente y desconocido personaje, nuestra deidad tenía fama entre el gremio de no ocultar su libidinoso comportamiento, de hecho las diosas rehuían a su paso y los dioses… también.

No quedó ahí su lujuriosa sorna, y continuó enredando. A un discreto y oscuro pájaro de pico rojo lo convirtió en el hazmerreír de todos; no tuvo otra que llamarlo polla de agua, y encima agradecido por especificar el sitio donde vive. Menos mal que muchos años después alguien tuvo a bien empezar a llamarlo gallineta, aunque para la posteridad quedará, para su desgracia, la original polla.

Tampoco acabó así su banalidad, con el tiempo volvió a la carga y se jactó con el rabilargo, nombre que suponemos no procedería de la inspiración que ofrecen los singulares varones de China y Japón. Quedará, pues, la esperanza de que esa iluminación le llegara de la cinematográficamente demostrada virilidad ibérica. Pero no se sabe, conste.

Y el alzacola remató tamaña e impúdica exhibición de socarronería. Pura poesía que sólo mentes febriles pueden confundir con la realidad. Delicioso.

[Tomado de la web de SEO /BirdLife]


[Big Year] Alzacola rojizo: 264

viernes, 13 de junio de 2014

[BY] - crónica de un charrán

¿Ya que estamos aquí por qué no nos llegamos a la costa? Del Puerto de la Ragua a Punta Entinas-Sabinar, con todo el calor, después de comer, con un aparato digestivo acaparador de toda la sangre posible y claro, invadidos por el sueño. Así comenzó nuestro periplo a la caza y captura del charrán común.

Comenzamos el pajareo por las antiguas salinas cercanas a Roquetas. Y ya lo dijo Bebe antes que nosotros, “desilusión me ha venido a ver”: más coches que pájaros. Ante tan ingrata sorpresa, no le dimos la oportunidad al lugar y nos fuimos precipitadamente, huyendo del gentío y de las tartanas humeantes. Un par de accesos peatonales nos dieron la oportunidad de disfrutar con canasteras, flamencos, gaviotas de Audouin, chorlitejos varios y, sobre todo, incansables charrancitos.

Pero el charrán no aparecía.

Desde un mirador natural, con vistas privilegiadas a un enorme charcón cercano a Almerimar, tuvimos la ocasión de abrirnos las carnes. Allá abajo, en el menos infinito, volaban bichos que bien podían pasar por charranes. Consigna inmediata: ¡hay que llegar ahí como sea!. Y dimos con el sitio más pronto que tarde: nos quedaba poco tiempo de luz para rastrear el humedal. Muy diligentes, buscamos una de las orillas en las que habíamos intuido estérnidos, y en el camino, cómo no, un amable paisano con ganas de platicar en exceso nos robó, sin querer, preciosos minutos, segundos. Pura agonía.

Y el charrán no aparecía.

Desilusionados, a mi compañera se le ocurrió quemar los últimos nanosegundos de luz en la cercana playa. Regreso veloz esquivando al afectuoso paisano que cordialmente nos acechaba, y obviando delicias aladas que se cruzaban en el camino. En aquellos minutos, no existía en el mundo otro bicho que el charrán. Al instante encontramos sin dificultad un buen oteadero desde el que estábamos dispuestos a perder la visión definitivamente en el ocular del tele.

Pero el charrán no aparecía.

¡Vámonos de nuevo para Sierra Nevada!, sentencié. Hemos fracaso otra vez. La semana había sido infructuosa: nos quedamos sin búho real y sin vencejo cafre, objetivos septenarios. Pero ese dios en el que nunca he creído hizo su aparición en modo de rayo solar.

Y el charrán apareció.


(260)


lunes, 9 de junio de 2014

El afligido zumayo

- Me odian, tío ¿o es que no lo estás viendo?
- Pero ¿por qué?
- Dicen que soy muy feo. Se ríen de mí y además creen que si les miro a los ojos tendrán mala suerte.
- Pues si yo fuera tú, no les haría ni caso.
- ¡Qué fácil es decir eso siendo una oropéndola!

Voló de la rama del eucalipto a su particular trozo de suelo, y en su atormentada mente se sucedía la misma retahíla de siempre: chupacabras, engañapastores, tapacaminos, gallinaciega, tontico… Nadie le llamaba por su nombre, salvo sus zumayos amigos, sicológicamente más estables, y con la fuerza suficiente como para haber superado sobradamente los desaires a los que estaban acostumbrados. No podía evitarlo, o mejor, no sabía cómo. Perdió el apetito y las ganas de volar. Estaba decaído y acabó enfermando.

Un día, el mundo de la noche se arremolinó junto a él. Estaban preocupados por su vecino pues no sabían cómo ayudarle. Todos eran feos pero orgullosos de serlo. Feos a los ojos de los guapos, y guapos a los ojos de uno mismo, en realidad, lo único importante. A ver tantos rostros pardos juntos, se emocionó. Junto a búhos, autillos y cárabos se unieron otros noctámbulos de condición: alcaravanes, ruiseñores, martinetes y mirlos. Feos, guapos, resultones, negros, grises, marrones, azules, de ojos amarillos, naranja, oscuros, de patas cortas, patilargos, cantores, de voz tristona, nerviosos, tranquilos. Lo entendió.


[Dibujo de Juan Aragonés]

lunes, 2 de junio de 2014

Reyezuelos al fin y al cabo

Su padre se sacrificó por una buena causa, y no tuvo más remedio, pues, que convertirse muy pronto en el amo y señor de todo aquello que alcanzaba la vista. Reyezuelo, le llamaron en tono nada despectivo. El populacho lo aceptó bien, tal vez por su carácter bonachón, heredado probablemente de su madre. Resultó ser bastante sencillo en su comportamiento, aunque no rehuía del protocolo, la pompa y el boato que acompaña a toda realeza que se precie. El pueblo le quería.

Mucho tiempo estuvo gobernando sobre sus dominios, lidiando con los más guerreros, con los grandes señores y con otras casas reales. En ocasiones tenía a bien dirigirse directamente a sus súbditos, mancillando las normas básicas del protocolo. El pueblo seguía queriéndolo.

Con frecuencia se iba de caza o sencillamente se perdía ante los ojos del resto de la corte. Era feliz. Pero un día se hartó y se fue, aunque su reino no peligró. Esta vez le tocó al primer reyezuelo del listado, llamado, desde su nacimiento, a garantizar el futuro de la estirpe y de los privilegios.

Reyezuelo sencillo y reyezuelo listado empezaron así a enfadar a las masas que, por primera vez en mucho tiempo, se cuestionaron la utilidad de mantener un linaje acaso innecesario.

La realeza entera tembló, y la congoja llenó las vidas de pinzones reales, zorzales reales, colirrojos reales, águilas reales, ánades reales, garzas reales, vencejos reales, búhos reales, charranes reales, milanos reales y pitos reales. Mientras, atentas, garzas y águilas imperiales…


[Dibujos tomados de la web de SEO/BirdLife]

viernes, 30 de mayo de 2014

Todos somos bigotudos


Al principio se mostraba un poco receloso. No entendía bien qué hacía yo allí, en medio de un inmundo carrizal, rodeado de fastidiosos mosquitos siempre afanados en sorber deliciosas venas. Finalmente se acercó, me miró de manera furtiva oculto entre la vegetación, y se decidió. ¿Por qué no tienes bigote? Yo no entendí muy bien de dónde venía aquella aguda voz. Escudriñé el lugar, pero no había nadie, la soledad buscada había triunfado, y aquel humedal estaba carente de almas humanas.

¿Por qué no tienes bigote? insistió. Mi estrecho cerebro no me permitía aceptar que aquel pajarillo estuviera dirigiéndose a mí. Por educación, acabé atendiéndolo. Hola, le dije, no comprendo a qué viene tu pregunta. Pero insistió, eres macho ¿no?, sí claro, le respondí de inmediato al sentir cuestionada mi virilidad. Pues aquí todos los machos llevamos bigote ¿es que no te has dado cuenta?.

Quería decirle que sí, que lo sabía de sobra, incluso se me ocurrió soltarle una parrafada sobre la biología del bigotudo, pero reprimí el impulso. Aquello me resultaba absurdo, a mi experimentada edad me encontraba hablando con un pájaro y quién le cuenta eso a sus amigos.

Sé que eres un bigotudo, resolví, la enorme bigotera negra te define; y a continuación enlacé con una perorata tal vez para no sentir insultado mi orgullo de ornitólogo. No entiendes nada, dijo interrumpiéndome con elegancia, te he dicho que aquí todos los machos llevamos bigote. Me desorientó por completo, lo reconozco. Bebí un poco de agua para tratar de relajarme y poner orden en mi cerebro. Mira pequeño, le dije al fin, incorporándome, pero ya no estaba; busqué con los prismáticos y grité su nombre con fuerza: ¡¡bigotudo!!

Al instante salieron del submundo del lodazal miles de pájaros acudiendo a mi llamada: cientos de bigotudos carricerines, bigotudos carriceros, bigotudos rascones, bigotudos ruiseñores y bigotudas buscarlas. Y junto a mí, ahora sí, el bigotudo, que me miraba pretencioso: ¿entiendes ahora?


[Imagen tomada de la web
www.elcamperoinquieto.com
a quien le doy las gracias]

martes, 27 de mayo de 2014

A por el roquero rojo

- Parece que hoy no nos vamos a mover de aquí.
- Sí, hace frío, por fin. Estoy ya un poco harto del calor. Con tanta temperatura se me calientan los huevos, y a mi mujer no le gusta.
- ¿El calor o que se te calienten los huevos?
- No, los huevos.
- ¿Delicada, no?
- Tiene razón. El año pasado fue excesivo, y al final la cosa no funcionó.
- Entiendo. Mira allá abajo, humanos andando, con el frío que hace.
- Ni caso, vamos a seguir durmiendo.

Con el transcurso de la mañana, el viento cesó, la niebla se esfumó y las nubes comenzaron a desaparecer. Los rayos de sol pasaron en un santiamén de lo agradable a lo odioso. Y el calor llegó.

- Mierda, mis huevos.
- No te agobies, vamos a volar un poco. Mira, allí vienen de nuevo los humanos.
- Se han parado. Parece que nos miran.
- Seguro que es Floren, que se ha traído a varios amigos. Viene todos los años. Voy a saludarlos.

El roquero levantó el vuelo encima del cortado calizo para a continuación dejarse caer suspendido. El revuelo no se hizo esperar entre el grupo de portadores de prismáticos.

- Voy a censarlos. Uno, dos, tres… cinco machos y tres hembras.
- Perdona. Cuatro machos adultos, un joven y tres hembras.

- Parece que se han cansado de observarnos. Ahora están mirando a esa engreída de la collalba rubia.
- ¡Tiene huevos!
- ¿Quién?
- Mi nido. Me voy volando que se calientan.



[Observadores observados... y censados]

lunes, 26 de mayo de 2014

Visita exprés a la Mancha Húmeda

Madrugar (mucho) en fin de semana tiene delito.
Hacerse 650 kilómetros en un día tiene delito.
Pegarse tanta paliza para registrar sólo una especie nueva tiene delito.

Eso no lo entiende ni la familia ni los amigos. En realidad nadie, salvo otros perturbados que se han dejado engatusar por el narcótico Big Year.

Pero así fue. La jornada de reflexión previa a las europeas sirvió precisamente para eso: reflexionar sobre si ir a por el bigotudo o intentar trincar al vencejo cafre.

Manjavacas, nuestro principal destino, no decepcionó, y llenó nuestros oculares de bigotudos.
Retinizado queda.

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[Ejemplar macho de bigotudo]

lunes, 21 de abril de 2014

Una aventura asturiana

La paz de la noche sirvió para reconfortar el espíritu y recomponer el cuerpo. El viaje había sido muy largo, y al instante de tomar posesión de nuestro efímero hogar, los organismos se desplomaron. A la mañana siguiente un infrecuente sol se coló por la rendija de la ventana. No había tiempo que perder, fuera aguardaban no pocos pájaros esperando ser anotados en los cuadernos de campo. Y mientras, el frescor de la sierra entró casi sin darnos cuenta a purificar los pulmones, acaso vencidos por los humos invisibles de la urbe.

Buenos días, caballero, me dijo una voz poco varonil. Miré hacia abajo y no había nada, me incorporé en la ventana suspendiendo medio cuerpo: a mi derecha nadie, y a la izquierda tan sólo aparecía la cubierta del vecino. No le di importancia alguna. 

La excitación me llevó a colocarme ya, con pijama y todo, los prismáticos para echar la primera ojeada del día al desconocido paisaje asturiano. Al fondo, un par de cornejas se gritaban y un tempranero alimoche volaba a ras de los tejados.

Buenos días, señor, insistió la voz, pero ningún sujeto se hacía responsable de la misma. Miré, esta vez con mayor atención, y sólo observé un colirrojo real en el tejado colindante. Me miraba, y yo a él. Despacio, para no asustarlo, incorporé mis prismáticos para disfrutar de un primer plano. Por qué me miras, dijo con curiosidad. No me lo podía creer, el animal estaba hablándome. Al rato estábamos charlando como si fuera lo más normal. Hablamos del tiempo, de los lugares por los que había viajado, de la montaña cantábrica, y me indicó muy amablemente por dónde caminar para ver a todos los pájaros que estábamos buscando. Todos salvo uno.

Tal vez por eso nos quedamos sin ver, en una nueva ocasión, al treparriscos, objetivo último de la excursión. Otra vez será.


[El verdadero protagonista del cuento. Todas las mañanas
nos visitaba junto a nuestra ventana, y ciertamente
nos hablaba... a su manera]

jueves, 10 de abril de 2014

Las últimas grullas

- ¿Se puede saber dónde me llevas ahora?
- Pues no, es una sorpresa, le respondió Jonathan reservándose una información privilegiada: estaba perdido.

Llevaban varios días dando vueltas alrededor del lugar en el que habían pasado los meses fríos en compañía del resto del grupo. Pero se despistaron. Fue una tarde cuando el Jonathan y la Jenny se escaqueraron de los demás para hacer de las suyas. Era invierno y hacía frío, y aunque aún no era la época… era invierno y hacía frío.

Y se perdieron de verdad. Al regresar junto a los demás varios días después observaron, con asombro, que allí no quedaba nadie. Los dos eran aún muy jóvenes y necesitaban de alguna experimentada grulla para saber por dónde debían regresar hacia su Noruega natal.

No te preocupes, Jenny, que yo controlo. Levantaron el vuelo y empezaron a otear el infinito a la búsqueda de alguna silueta similar a la suya, pero nada. Resolvió quedarse algunos días más con la esperanza de que por allí pasara algún grupo más sureño con el que poder acoplarse. Una semana, dos semanas, y allí no volaba nadie.

Al fin se decidió. Vámonos, Jenny, que ya está empezando a hacer calor. Los dos jóvenes arrancaron el vuelo, tomaron altura y como pudieron se acoplaron a un bando de cigüeñas negras. Estaban salvados. O al menos eso creyeron; las oscuras zancudas volaban hacia su Extremadura del alma.


[Tomado de la web de SEO/BirdLife]



PD. El domingo 6 de abril, un día de calor cordobés, vi dos despistadas grullas volando, acaso desorientadas, cerca del Peñón de Peñarroya.

miércoles, 9 de abril de 2014

Un abejero muy despistado

Me canso, a ver, qué quieres que te diga. Esto de haber nacido un bicho migratorio es un coñazo. Mira tú que bien viven las águilas perdiceras, siempre pegadas a su cacho de roca, o los vulgares cernícalos, dueños y señores del cortijo. Yo en cambio tengo que encajar todos los años hasta el Congo y después regresar a mi casa asturiana. Y no lo entiendo.

Estoy bien en Asturias, me gusta su clima, aunque llueve más de lo que me gustaría. La gente nos respeta. Me entretiene mirar a los osos haciendo de las suyas, oír a los urogallos en el fondo del bosque, y ver alguna despistada gaviota que se ha colado tierra adentro más de lo normal. La vida es aquí apacible.

Pero no puedo con la impaciencia. A nada que los jóvenes abejeros pueden volar, toda la comunidad se organiza para salir pitando hacia el sur. ¡Qué prisas! Yo nunca tengo ganas de irme, de pegarme un palizón inútil. Cuando recorro Iberia veo a gente como yo sin la más mínima intención de moverse de su casa, y claro, entro en crisis. Me da la depre y mis compañeros vuelven a darme de lado; se vuelven irascibles y de repente les entra esa manía suya de decirme busardo.


[Dibujos tomados de la web de SEO/BirdLife]

martes, 8 de abril de 2014

De chorlitejos y otras guarrerías

Nena, ven acá p’acá, le dijo el chorlitejo a la chorliteja mientras corría, cardíaco, detrás de ella. Hacía calor, y además era el segundo día de primavera que lució como tal. Tal vez por mor de la sangre alterada o simplemente porque ya toca, el machote se estaba dejando las plumas pectorales en un combate sólo visual con el otro chuli de la orilla. Arriba, la gente paseando o corriendo, completamente ausente del combate a pecho descubierto que se estaba librando en el fangal del embarcadero.

El despliegue a lo pecholobo parecía no surtir efecto en la digna chorliteja que, lejos de caer al arte de la seducción, más bien quería salir de allí, a la búsqueda de otro fango menos tumultuoso. O tal vez no. De hecho, allí permaneció simulando comer y alejándose la distancia justa para excitar aún más a los dos combatientes, perdón, chorlitejos.

No sé cómo acabaría aquel combate-orgía. Me perdí el final, en pleno acaloramiento. Unos cuantos tarajes solo me dejaron entrever las últimas escenas subidas de tono a lo canal plus. Puse los prismáticos de lado, pero no hubo forma.

[Dibujo tomado de la web ojeailustraciones.wordpress.com,
a quien le doy las gracias

lunes, 7 de abril de 2014

Carricerín común: Big Year, Big Life

Esta tarde ya. Las posibilidades de ver algo son pocas. El sol ha salido hoy como si de julio se tratara, con muy mala leche. La única posibilidad de registrar algo es mirar por alguna zona húmeda. Al lado del pozo Antolín hay varias charcas; es una buena opción.

Allá nos encaminamos los dos pajareros con dos infantes ávidos de serlo, advertidos, de antemano, que el silencio debe ser imperativo en una nueva ocasión. Los primeros carrizos nos descubren la bastardez hecha sonido. Es lo normal. Cuatro pasos más adelante una focha surge entre los carrizos. Seguimos perimetrando. Nos detenemos; escudriñamos el humedal con la vista y con el oído. Nada. Noventa grados a la izquierda tomamos la Vía Verde de la Maquinilla, dirección Belmez. Ahí, el frágil carrizo delata la presencia de alguien; un canto reiterativo lo confirma.

Silencio, niños, ahí abajo hay un bicho. Contagiados por los nervios, los aprendices no paran de moverse. Cualquier ser perteneciente al impenetrable mundo de las ciénagas puede aparecer de un momento a otro. Pasa el tiempo, el sonido continúa allí mismo, a nuestros pies, pero sin dueño conocido.

Las posibilidades no son pocas en estas fechas, en pleno paso migratorio es fácil toparse con cualquier infrecuente criatura. Es el caso. Al fin, un carricerín común apareció, una, dos, tres y cuatro veces. Nuestra paciencia venció la partida al pequeño portador de llamativa ceja.


Tomada de la web de SEO




lunes, 31 de marzo de 2014

Piquituertos en domingo

Caminamos en silencio. A nuestra derecha, un generoso matorral mediterráneo pone freno a la interminable campiña. A la izquierda, un pinar como dios manda. Las currucas acaparan casi todas las observaciones. Avanzamos. Observamos. Escuchamos. El deseado pájaro de pico retorcido no aparece. Es nuestro sino.

De repente, un sonido inanimado. Espera, dice ella. Atenta, busca su origen hacia la copa del árbol. Yo sólo la imito. Algo se mueve entre el mar de piñas. Mira allí, insiste. Un pájaro verdoso al fin se deja ver. Junto a él, otro. Y detrás, un tercero, éste anaranjado. Dos piquituertos y una piquituerta salvaron la jornada dominical. Objetivo cumplido.

martes, 25 de marzo de 2014

Tres comensales y una rubia


El comensal número 1 propuso aquel original sitio para homenajear a nuestros estómagos, y un restaurante circular de estilo quijotesco resulta, de entrada, una garantía.

El comensal número 2 hacía tiempo, al menos eso parecía; en realidad estaba conteniendo el rugir de sus jugos gástricos, someramente aliviados por un compañerismo caritativo.

El comensal número 3, ya en faena, no podía desprenderse de sus Nikon ni comiendo. Es lo que tiene esa dichosa enfermedad aún no descrita en los tratados médicos.

No faltaba nadie, aunque una silla vacía revelaba la posibilidad de un cuarto comensal. Pasaron algunos minutos, y al fin llegó. Era rubia, y a los tres dejó boquiabiertos.

Se quedó fuera, en un poste de madera, con una pose desinteresada, bañada por los generosos rayos de la tarde. La imagen permanecerá en nuestras retinas por mucho tiempo.

La collalba rubia quedó registrada como la especie número 182.

lunes, 17 de marzo de 2014

Cormoranes y cigüenas

Allá en el norte de Córdoba, en el lugar de los gansos del Nilo, los cormoranes comparten colonia con cigüeñas y garzas reales. Las perdiceras y reales conviven en vecindad, y muy cerca de allí, las grullas se cuentan a miles. Bueno, ya no.

Benditos Pedroches.

[Aunque la calidad sea pésima, sirva al menos de testimonio]

jueves, 13 de marzo de 2014

Bye, Crane


Hoy las he buscado. Pensaba disfrutar con los últimos trompeteos del invierno, deleitarme ante su presencia, siempre terapéutica. He escudriñado varios rincones frecuentados, pero no estaban. He mirado hacia el cielo, un baño de sol ha saneado mi blanquecino rostro, mas ninguna volaba. He agudizado mi menguado oído, esperaba la sinfonía de lo natural; y no.

Adiós.
Os deseo un buen viaje. 
Nos vemos en noviembre, aquí, en el Guadiato.

[Tomada de la web kimmistore.blogspot.com]

martes, 11 de marzo de 2014

Big Year 2014, en busca del pico menor

Primer intento.
Salimos corriendo a la conclusión de la jornada laboral para aprovechar el mayor número de horas (y minutos) de luz. Efectivamente, esto es lo que se llama una escapada agónica. Teníamos que verlo. En el lugar señalado, el río Guadalquivir, este bicho campa a sus anchas, así nos lo han reiterado varios amigos pajareros. Parece que todo estaba a nuestro favor, pues. Bastaba con un poco de paciencia ya que tarde o temprano aparece. Esa era la consigna. Pero nuestros iris concluyeron la jornada irritados y las retinas huérfanas de carpinteros. El menor de los picos, no quiso aparecer.

Segundo intento.
Esta vez bocata devorado en el coche para estirar aún más el poderío del sol. Un bicho así hay que llevárselo en el cuaderno, y nosotros estábamos allí con el deseo y la seguridad de inaugurar una página en las anotaciones bigyearianas. La emoción y algo de nervios son siempre la antesala de un registro que se prevé seguro. Una hora, dos. Amenaza el crepúsculo, y el maldito bicho no se deja ver.

Tercer intento.
Hoy el refrán está de nuestro lado. Hemos quedado con Miguel y Juan que buscan inmortalizarlo con sus desproporcionados pepinos fotográficos. Hace una buena tarde al fin. La intensidad de los primeros momentos poco a poco va dejando paso al relax, la charla y casi al olvido de que estábamos allí para algo. La jornada está a punto de liquidarse. Al fondo, en un árbol seco, intuyo un bicho, tal vez la última esperanza. Me apoyo en la baranda del puente para asegurar, escaneo el árbol, y allí, cuasi mimetizado con la podredumbre del tronco estaba él: ¡el p… pico menor!

[Foto de Miguel C. Casaut]

jueves, 6 de marzo de 2014

Big Year 2014, escudriñando patos en la Dehesa de Abajo

Parece que hoy va a salir el sol, dice mi compa con sus ojos verdes aún semiabiertos. La soleada y huracanada playa doñanera nos regala, por madrugar, un grupo de unos 300 negrones comunes. Parece que el cristiano refrán se cumple algunas veces.

Pero sol, poco, y viento, más, así que los proyectiles de fina arena justificaron nuestra huída tierra adentro. Parada obligatoria en la Dehesa de Abajo; teníamos referencia de un pequeño grupo de porrones pardos en la laguna de la Rianzuela. Había que llevárselos… y nos los llevamos en nuestro cuaderno: dos machos y una hembra junto a un grupo de cercetas pardillas. Una joya.

Con tanto ser vivo flotando, merecía la pena echar una peoná alrededor de lo andable de la laguna. Más de cien tarros blancos mezclados con cucharas, azulones, colorados, rabudos, porrones comunes, fochas, flamencos, moritos, cigüeñuelas, avocetas… y un grupo de unas 400 agujas colinegras. Los bandos de limícolas, muy generosos, son dados a acoger en su seno a otros limícolas, así que no estaba de mal escudriñar entre tanta cabeza con proyección de pico largo. Y allí, entre algunas agujas con incipiente plumaje nupcial, se encontraban varios combatientes con aspectos muy diferentes.

El día concluyó con las primeras garcillas cangrejeras de la temporada, literalmente ancladas a los canales de Isla Mayor para no salir desprendidas con el fuerte viento.


[Fotos de pésima calidad, pero testimoniales al fin y al cabo]

martes, 4 de marzo de 2014

Big Year 2014, un inesperado encuentro en el Odiel

No recuerdo qué hora sería, pero la mañana estaba prácticamente concluida. Tan sólo faltaba el repaso de algunas balsas del principio, para escudriñar entre los bandos de gaviotas y limícolas que buscaban refugio del enojoso viento. Allí, en el borde mismo de un generoso fanguizal, me encontraba de pie desprendiéndome del líquido que me sobraba, al tiempo que hacía florituras para eximir del riego a mi propio cuerpo. Un coche se aproxima, me doy prisa, pero es demasiado tarde; suena el claxon, el típico gracioso, supongo. Aparca a mi lado, salen del coche tres individuos raudos hacia mí, vociferan. Sorpresón: Floren, David y Trini, que llevaban ya varios cientos de kilómetros en su columna. Estaban, como nosotros, haciendo el Big Year.

Intercambio de observaciones y batallitas. Pues nosotros acabamos de ver un colimbo grande, les decimos. Seguimos la conversación, hasta que Floren, impaciente, no puede más. Podemos seguir hablando, sentencia, pero mi cabeza está en ese colimbo. Adiós. Y como vinieron, desaparecieron, aunque yo me encontraba ya más ligero.


Marismas del Odiel aportó ese día sólo una pagaza piquirroja, localizada gracias a la gentil información de un guiri, con el que nos entendimos en latín. Disfrutamos, no obstante, del pose de no pocos págalos grandes, alcatraces y del susodicho colimbo, trincado días atrás en Santoña.

"Colimbo en frigorífico", obra de la artista local Isabel Rodríguez

viernes, 14 de febrero de 2014

El patito feo


Nació feo, qué le vamos a hacer. Su padre destacaba por ser el galán del grupo de patos colorados, y su madre, aunque más parduzca, era bastante resultona. Pero él no, nada de bermeja y eréctil cabeza, ni llamativo pico rojo.

Su familia sentía vergüenza y el resto de la comunidad anátida no se atrevía siquiera a referirse a él como poco agraciado. Desagradable, repulsivo, horrendo. Al parecer, el lenguaje de lo políticamente correcto no había llegado a aquella comunidad, y la sinceridad resultaba allí, como en todas partes, bastante dolorosa.

Está hecho de una materia especial, sobre todo ese pico… tan triste, decían sus propios hermanos. Aquel cuerpo, su diseño cefálico con cierto aire de teleñeco, hizo que, a fuerza de repetirlo, se quedase con el insípido apodo.

Materia tuvo una infancia, pues, marcada por las burlas de propios y extraños. Pasó la primavera y el verano como pudo, aislado siempre del resto del grupo. Ni siquiera hizo valer su mayor tamaño frente al choteo. Nació feo, sí, pero pacífico.

Así hasta que con los primeros vientos gélidos, algo en él le decía que tenía que largarse de allí. Mas no se atrevía, al fin y al cabo debía cumplir con sus obligaciones filiales.

El primer día de nieve un grupo de patos tan grandes como él, con su mismo plumaje, e idénticos picos de expresión compungida, se unieron al grupo de bermellones. Doce hermosos eideres, de contrastado plumaje aún, se plantaron delante, ¿te vienes?


Eider. Foto de Dave Taylor, tomada de internet

Mi Gran Año 2014


Este año sí va a ser el gran idem… espero. 2013, supersticiones aparte, fue nefasto. Mis buenos propósitos quedaron postrados por la horizontalidad que proporcionan los dolores de huesos.

Me tuve que conformar con algunos despistados gorriones que visitaban mi ventana y algún pájaro que sorprendía en el escuálido cacho de cielo que veía por la misma. Desafortunadamente jamás podré participar en el Big Year bajo la modalidad “observar aves desde mi casa”. Desenfundar los prismáticos y asomarme a la ventana significa garantizar un escándalo público pues, a los ojos del profano, qué puede motivar a una persona normal a tal comportamiento si no es espiar los vecinos. Sí, amigo, mi calle es eso, una calle, con sus coches, sus gentes, su ruido y sus bloques bien juntitos… no se vaya a desperdiciar terreno.

2104 es otra cosa… también espero. De momento, 150 especies auguran un año divertido, y lo viene siendo no ya por el número, que en realidad es lo de menos, sino por trincar especies nuevas para la vida ornitológica de uno.

A seguir aprendiendo. Siempre.