De qué va esto

cuentos de pájaros... o no


viernes, 14 de febrero de 2014

El patito feo


Nació feo, qué le vamos a hacer. Su padre destacaba por ser el galán del grupo de patos colorados, y su madre, aunque más parduzca, era bastante resultona. Pero él no, nada de bermeja y eréctil cabeza, ni llamativo pico rojo.

Su familia sentía vergüenza y el resto de la comunidad anátida no se atrevía siquiera a referirse a él como poco agraciado. Desagradable, repulsivo, horrendo. Al parecer, el lenguaje de lo políticamente correcto no había llegado a aquella comunidad, y la sinceridad resultaba allí, como en todas partes, bastante dolorosa.

Está hecho de una materia especial, sobre todo ese pico… tan triste, decían sus propios hermanos. Aquel cuerpo, su diseño cefálico con cierto aire de teleñeco, hizo que, a fuerza de repetirlo, se quedase con el insípido apodo.

Materia tuvo una infancia, pues, marcada por las burlas de propios y extraños. Pasó la primavera y el verano como pudo, aislado siempre del resto del grupo. Ni siquiera hizo valer su mayor tamaño frente al choteo. Nació feo, sí, pero pacífico.

Así hasta que con los primeros vientos gélidos, algo en él le decía que tenía que largarse de allí. Mas no se atrevía, al fin y al cabo debía cumplir con sus obligaciones filiales.

El primer día de nieve un grupo de patos tan grandes como él, con su mismo plumaje, e idénticos picos de expresión compungida, se unieron al grupo de bermellones. Doce hermosos eideres, de contrastado plumaje aún, se plantaron delante, ¿te vienes?


Eider. Foto de Dave Taylor, tomada de internet

Mi Gran Año 2014


Este año sí va a ser el gran idem… espero. 2013, supersticiones aparte, fue nefasto. Mis buenos propósitos quedaron postrados por la horizontalidad que proporcionan los dolores de huesos.

Me tuve que conformar con algunos despistados gorriones que visitaban mi ventana y algún pájaro que sorprendía en el escuálido cacho de cielo que veía por la misma. Desafortunadamente jamás podré participar en el Big Year bajo la modalidad “observar aves desde mi casa”. Desenfundar los prismáticos y asomarme a la ventana significa garantizar un escándalo público pues, a los ojos del profano, qué puede motivar a una persona normal a tal comportamiento si no es espiar los vecinos. Sí, amigo, mi calle es eso, una calle, con sus coches, sus gentes, su ruido y sus bloques bien juntitos… no se vaya a desperdiciar terreno.

2104 es otra cosa… también espero. De momento, 150 especies auguran un año divertido, y lo viene siendo no ya por el número, que en realidad es lo de menos, sino por trincar especies nuevas para la vida ornitológica de uno.

A seguir aprendiendo. Siempre.